El ingrato papel del tercer portero

El ingrato papel del tercer portero

Dirigimos una profunda mirada a la grada, donde veteranos guardametas de toda Europa aguardan, a veces durante años, una última oportunidad

El pasado 28 de septiembre, el Sheriff Tiraspol hacía historia al doblegar contra todo pronóstico al Real Madrid en su casa, el Santiago Bernabéu, en la fase de grupos de la Liga de Campeones (1-2). Un hito del que Sergiu Pascenco (38) fue testigo de excepción. De no ser por las normas aprobadas por la FIFA y la UEFA a raíz de la pandemia del coronavirus, lo más probable es que el portero rumano se hubiese visto forzado a ver el partido desde su casa o, en el mejor de los casos, en la grada. 

Pese a engrosar el banquillo del conjunto moldavo aquella noche, Pascenco sabía que ni en sus mejores sueños, salvo lesiones dramáticas Georgios Athanasiadis (28), titular en la Castellana aquella noche de otoño, y Dumitru Celeadnic (29), su recambio habitual, tendría posibilidades de disputar un encuentro que ha pasado a los anales del fútbol continental. Al fin y al cabo, no se viste de corto desde noviembre de 2018. Esto es, ¡desde hace tres años!

El caso de Pascenco no es, ni mucho menos, de los más sangrantes. El ya retirado Tommaso Berni llegó a pasar siete temporadas consecutivas sin disputar un solo encuentro oficial; una en las filas del Torino (2013-14) y seis defendiendo, por llamarlo de alguna forma, los colores del Inter de Milán (2014-2020). Aun con todo ello, se las ingenió para ver dos tarjetas rojas. Hace falta talento para algo así. Qué duda cabe.

Aunque a día de hoy no existen casos tan extremos como el suyo en ninguna de las cinco grandes ligas, el de Simone Farelli (38), ex de la AS Roma que colgó las botas al término de la temporada pasada, es el que más se le acerca en los últimos tiempos, con cuatro cursos consecutivos en blanco en todas las competiciones. Este reportaje va dedicado a aquellos veteranos guardametas que, como él, siguen esperando que los astros se alineen para volver a disfrutar de un último baile’.

La experiencia es un grado

De un tiempo a esta parte, numerosos clubes de todo el mundo han establecido como estrictamente necesaria la presencia de un tercer portero en su plantilla. Un jugador que sabe de antemano -o, al menos, intuye- que apenas disfrutará de minutos durante su estancia en la entidad. Sus respectivas misiones, aunque similares en su mayoría, varían en función del técnico que les dirija o de la institución misma que les tenga en nómina. 

Marcos Abad, entrenador de porteros del Leeds United y poseedor de una amplia trayectoria en España e Inglaterra, ha atendido la llamada de BeSoccer Pro para arrojar algo de luz sobre una figura con la que no cuenta, precisamente, el equipo de Marcelo Bielsa, cuyo ‘modus operandi’ en este campo tuvo a bien detallarnos.

«Existen muchos enfoques para completar una plantilla con respecto a la portería. Apostar por un portero experimentado puede garantizar una calidad de entrenamiento óptima. Además, en caso de estar inmerso en más de una competición, puede suponer un respiro en la actual industria del fútbol, tan densa por momentos», explica el preparador alicantino. 

Juan Calatayud, otrora arquero de MálagaHérculesMallorca, entre otros, corrobora que «la calidad del entrenamiento» tiende a mejorar con un tercero en discordia. Su amplia experiencia, además, «ayuda a los demás porteros». «Los más jóvenes seguro que aprenderán de él», apunta el malagueño, quien no llegó a pasar una temporada en blanco en toda su carrera como profesional.

En el caso del Leeds, la propuesta es «algo más arriesgada», ya que no hay tercer portero definido, con los jovencísimos Illan Meslier (21) y Kristoffer Klaesson (20) disputándose el puesto. De lesionarse alguno de ellos o perderse algún encuentro por sanción, daría el salto al primer equipo el jugador mejor preparado del conjunto Sub 23, a fin de «adelantar el proceso de formación» y «convertir el tercer puesto en un espacio competitivoal que más de uno puede optar en función de su rendimiento».

La del Leeds, donde los chicos del equipo reserva son tratados «como jugadores profesionales» y evaluados constantemente en cuanto a «su preparación mental y emocional» de cara a su adaptación «a la demanda de alto rendimiento», es una excepción en el contexto de la Premier League, donde, junto a la Serie A, es donde más presencia tiene el tercer portero que supera con creces los 30 años de edad en el contexto de las grandes ligas del continente.

«De lo que no cabe duda», insiste, eso sí, Marcos Abad, «es que la elección del perfil de tercer portero, o el enfoque en dicho puesto, ha de contribuir de algún modo a enriquecer al resto de porteros y a la propia plantilla».

La espera interminable

Sólo desde el inicio de la 2019-2020, hasta cinco porteros de la primera categoría del fútbol inglés nacidos antes de 1986 han pasado prácticamente desapercibidos en su liga. El suizo Eldin Jakupovic (37) y el inglés Lee Grant (38), por ejemplo, no saben lo que es jugar un encuentro de Premier League desde mayo de 2018 y noviembre de 2017, respectivamente. Destaca también Andy Lonergan (38), que formó parte de la plantilla del Liverpool campeón en 2020 y ni siquiera ha llegado a debutar en la élite pese a encadenar tres cursos consecutivos en la categoría con los de Merseyside, el West Bromwich Albion y sus vecinos de Goodison Park.

El caso del actual guardameta del Everton es, cuando menos, llamativo. Tras la convocatoria de Alisson (29) para disputar la Copa América y traspasar a Simon Mignolet (33) al BrujasJürgen Klopp se vio sin jugadores que defendiesen su portería en pretemporada. El Liverpool llegaría a un acuerdo para que Lonergan se mantuviese en forma con el equipo durante la gira por Estados Unidos mientras buscaba club. El eventual fichaje de Adrián San Miguel (34) garantizaría que Alisson tuviese relevo durante la 2019-2020, pero la lesión del brasileño lo cambió todo. 

De la noche a la mañana, Lonergan, con 343 partidos en Championship y ninguno en Premier League a sus espaldas, se encontró con un contrato de un año con los ‘Reds’ que le llevó a celebrar sobre el mismo césped la consecución de la Supercopa de Europa ante el Chelsea (1-1) y a colgarse la medalla de campeón de la Premier League habiendo pasado la práctica totalidad de la temporada -pandemia mediante-, a excepción de dos encuentros en los que fue suplente, detrás de la ‘barrera’.

Mejor suerte, por decirlo de algún modo, han corrido Scott Carson (36) y John Ruddy (35), con 90 minutos de juego cada uno desde aquel verano. De 7.650 posibles, eso sí.

Por su parte, de los guardametas mayores de 35 años que suman al menos tres cursos consecutivos en la Serie A, sólo dos, Simone Aresti (31) y Antonio Rosati (38), con cero y 90 minutos respectivamente en la máxima división italiana desde agosto de 2019, se encuentran en una situación parecida a la de sus homólogos ingleses. 

Pese a ser todavía pocos los minutos que han llegado a disputar en este periodo de tiempo, Daniele Padelli (36), Federico Marchetti (38) y Gianluca Pegolo (40) no han tenido que soportar tamaña espera pese a encontrarse en el Top-5 de este particular ranking. Philipp Tschauner (35), sin apariciones, y Philipp Pentke (36), con 630 minutos, son los arqueros de al menos 35 años que menos tiempo de juego acumulan en la Bundesliga desde el inicio del curso 2019-2020.

Relegados al olvido

Si bien la inmensa mayoría de estos futbolistas saben de antemano lo que les espera -profundizaremos al respecto un poco más adelante-, hay situaciones que serían tachadas de insostenibles si las protagonizasen jugadores de campo. La de Tommaso Berni, de quien hablamos al comienzo de esta pieza, sería una. Apenas existen trayectorias como la suya actualmente en las primeras divisiones ‘top’ de Europa, pero las hay parecidas. Incluso entre porteros más jóvenes.

De entre todos los cancerberos de estas ligas que llevan más tiempo en el mismo club, destaca sobremanera en este aspecto Francesco Rossi (30), quien sólo ha disfrutado de 17 minutos de 18.000 posibles desde el curso 2016-2017, cuando regresó al equipo donde se formó, la Atalanta. Dicho tiempo se divide, para más ‘inri’, en tres partidos diferentes. Hasta le dio tiempo de encajar un par de goles en ese cuarto de hora mal repartido.

Simone Aresti (35), al que mencionamos anteriormente, y Danny Ward (28) no han disfrutado de un solo minuto en liga defendiendo los colores de CagliariLeicester City en las últimas cuatro temporadas. En el caso del internacional por Gales, cuya proyección se ha visto constantemente obstaculizada por el gran estado de forma de Kasper Schmeichel (34), la racha se extiende a cinco cursos si tenemos en cuenta también su último año como guardameta del Liverpool.

De no ser por sus esporádicas apariciones en la Copa de la Liga y la FA Cup, ‘privilegio’ del que Rossi o Aresti no han disfrutado en la Coppa d’Italia, por ejemplo, los aficionados de los ‘Foxes’ podrían llegar incluso a ‘olvidarse’ de la existencia de Ward. Un buen ejemplo, de hecho, sería Carlo Pinsoglio (31), cuyo nombre, aun sumando 155 minutos y un partido completo desde 2017, le sonará a pocos aficionados del fútbol europeo pese a ser miembro de pleno derecho de la mismísima Juventus de Turín.

En Alemania, otro portero joven, Niklas Lomb (28), ha disfrutado de un poco más de protagonismo en las últimas tres temporadas, cuando regresó al Bayer Leverkusen tras su cesión al Sandhausen. Apenas un par de encuentros de Bundesliga; sólo uno de ellos completo.

Porteros de las cinco grandes ligas que más tiempo llevan en el mismo club y menos minutos han disputado en competiciones domésticas. BeSoccer Pro

La aceptación, el primer paso

Un repaso como éste a la suerte de ostracismo que sufren numerosos guardametas que superan la treintena hace que afloren las dudas respecto a cómo se gestiona su posible frustración por parte del cuerpo técnico y, en última instancia, del entrenador. «Con comunicación. Creo que es lo más importante», apunta Juan Calatayud. «Una plantilla de 23 jugadores tiene que entender que no pueden jugar todos. Si se es sincero con el que no juegaseguro que siempre tendrá la mejor predisposición».

«El futbolista profesional actual», añade Marcos Abad, «goza de un conocimiento real de la situación en la que se encuentra». «La frustración es un estado emocional propio por una expectativa no cumplida. La razón de definir el rol de este puesto concreto de tercer portero con experiencia es justo la de pactar previamente las condiciones durante la temporada y actuar en consecuencia. De este modo, no debería caber la frustración como tal», afirma el técnico. 

El trato directo con el futbolista, especialmente si acumula cierto ‘background’, se antoja vital para evitar conflictos internos que alteren el día a día del equipo. «En un perfil tan concreto como el expuesto, aun siendo un rol aceptado de antemano, siempre se agradece la honestidad acerca de su papel en el transcurso de la competencia. Suelen asegurar un clima de trabajo apropiado para la alta demanda competitiva», explica el preparador de guardametas del Leeds United.

Para Abad, «el simple hecho de estar en un entorno de máximo nivel, entrenando con tal prestación de condiciones, facilidades y profesionales suele ser motivo más que suficiente para que se sientan realizados». «Además, el componente de su importancia al ayudar a crecer a los jóvenes porteros y su pertenencia a un club donde son queridos, más allá de los minutos de los que disfruten, ha de sustituir la necesidad de la participación competitiva», reivindica.

«Medir la satisfacción, la ambición o las perspectivas de cada portero es tan complejo o tan sencillo como tantas personas conozcamos», incide Abad, que ha trabajado para AlcoyanoElche Middlesbrough. «Las circunstancias personales, las condiciones profesionales y contractuales, así como el sentirse realizado, son algunos de los componentes que pueden llevar a un portero a aceptar un rol más secundario; el de ofrecer soporte continuado».

«Desde el punto de vista psicológico, podríamos destacar a aquellos porteros que han permanecido una gran parte de su carrera compitiendo con mucha responsabilidad y necesitan un break’ en lo que a cargar con el grueso del peso competitivo se refiere». «Generalizar», advierte, no obstante, «conlleva acotar y ‘encorsetar’ las posibilidades que ofrece esta figura en una plantilla». 

La aceptación de su situación no exime al portero, sin embargo, de mantener -e, incluso, avivar- su gen competitivo. «El jugador de campo y el portero siempre quieren jugary van a darlo todo para poder hacerlo», recuerda Calatayud, quien mantuvo interesantes ‘rivalidades’ internas por engrosar el once inicial con guardametas de la talla del trágicamente desaparecido Francesc Arnau o el israelí Dudu Aouate. El exfutbolista, además, destaca el papel del técnico en estos escenarios.

«El entrenador nunca puede dar nada por sentado. Es cierto que en pretemporada ya puede tener su once ideal en mente, pero hay muchas circunstancias que no se pueden controlar: lesiones, el estado de forma de sus futbolistas... También depende de la mentalidad del propio jugador, que es algo muy personal. Los hay que van a darlo todo por revertir la situación, mientras que otros pensarán en bajar de categoría para ganar minutos y volver a dar el salto. Todas las decisiones son respetables», apostilla, eso sí, Calatayud. 

Comparativa de rendimiento de Claudio Bravo y Rui Silva durante la temporada 2021-2022. BeSoccer Pro

Nunca es demasiado tarde

El hecho de que haya tres porteros en una misma plantilla no está reñido con que el más veterano ostente la vitola de teórico titular. El ejemplo más obvio es el de Manuel Neuer (35), indiscutible en Múnich desde hace años, como también lo son actualmente Pepe Reina (39) en Roma, Jean Leca (36) en Lens, Diego López (39) en Cornellà, Vicente Guaita (34) en Selhurst o Manolo Reina (36) en Mallorca. 

Por no hablar de Claudio Bravo (38), a quien Rui Silva (27), once años más joven, no ha conseguido hacerle sombra todavía. Con el chileno bajo palos, el excitante Real Betis Balompié de Manuel Pellegrini no conoce la derrota desde noviembre de 2020. Los verdiblancos sí cuentan con otro competidor, Joel Robles (31), aunque su situación en Heliópolis se debe, al contrario que la de los protagonistas de este reportaje, a su negativa de abandonar el club el pasado verano.

Todos ellos, además de cubrir las ya de por sí evidentes necesidades competitivas de sus respectivos equipos, cumplen a su vez la función de líderes y ejemplo a seguir para esos jóvenes porteros, canteranos o no, que luchan duramente y a diario por arrebatarles el ‘trono’ más pronto que tarde. Un ‘win-win’ para ambas partes al que, a buen seguro, todavía aspiran algunos de los guardametas destacados en este reportaje por su escaso protagonismo en los últimos tiempos.